Medicina natural en Zamora

¡Tradición familiar como curanderos!

En Herbolario Díez tenemos, como familia, una amplia trayectoria en el sector de la medicina natural en la localidad de Zamora. Esta es un poco de nuestra historia:

Somos parte de una notable familia asentada en la comarca de Aliste: los Díez. Una saga de curanderos alistanos, quienes han delegado de padres a hijos todos sus conocimientos. Cuenta la historia que esta tradición comenzó con las labores curativas de un seminarista antepasado de Simón Díez Fernández (hijo de Luis Díez y Ana Fernández), el cual vivió en esas tierras. Luego don Simón, nacido en el seno de una humilde familia, desde muy joven comenzó a tratarle y curarle las patas a las ovejas cuando se les torcían o rompían. Después, alistado por el Cupo del Ayuntamiento de San Vitero de Aliste, combatió en los frentes más duros de la Guerra Civil, allí se ocupó de atender a civiles y soldados. Esta experiencia lo marcó para siempre, pues salió mutilado de una pierna.

Durante la posguerra recorrió los caminos de la comarca acudiendo a atender a todo aquel que lo necesitara. El afamado curandero Simón cogía la mano del paciente, le tomaba el pulso y era capaz de saber dónde estaba la dolencia.

Benito Díez Lorenzo, hijo de Simón y Rufina, es digno sucesor de la familia. En 1955 se inicia en la práctica del curanderismo como su padre, ganando con el tiempo amplio reconocimiento. Se nutrió de estudios en botánica, naturopatía y quiropráctica, para así prestar un servicio integral que hiciera honor a su padre. Sus 3 hijos también han incursionado exitosamente en el campo de la salud, dando continuación a la vocación y tradición familiar como curanderos.

Bibliografía: Historias y leyendas de la Raya. Chany Sebastián Calvo Baz.

Noticia aparecida en la prensa de la región sobre el fallecimiento de Simón Díez Fernández

Adiós, Simón

Artículo de Chany Sebastián


A los 80 años, murió en San Cristóbal Simón Díez, el curandero de Aliste. Su padre , Luis, fue ya un curandero famoso y no solo en España, sino también en Cuba e Inglaterra.


Aliste está triste, muy triste; Simón Díez Fernández, el famoso curandero de San Cristóbal, se ha ido con su Dios, al cielo, que se lo tenía bien ganado. Nació un 11 de mayo de 1913, eligiendo un buen mes para aterrizar en el campo de Aliste: mayo, mes de las flores, de María, de la esperanza.

Él, quizás desde niño entendió la indirecta de Jesús de Nazaret: “amaros unos a los otros, como yo os he amado”. Obtuvo fama y dinero, justamente lo que cualquier humano necesita para olvidar sus orígenes, sus amigos y su tierra, para irse a tierras más ricas y de claros horizontes. Pero Simón, demostró su humildad, sencillez y generosidad, prefiriendo ser el “José de Arimatea” alistano, dispuesto siempre para cargar con la cruz de los necesitados, tendiéndoles su mano para aliviar el dolor.

En un mundo donde el prójimo es un desconocido, donde la mano se tiende, si acaso para dar bofetadas, olvidando que las piernas son para caminar y no para meter zancadillas; Simón, fue una persona querida y admirada, claro defensor de las raíces de una tierra de gentes humildes pero ricas en buena voluntad, sinceras y cristianas,
que mantienen siempre abierta la puerta de sus casas y su corazón para darlo todo a cambio de nada.
Simón Díez Fernández, estuvo siempre dispuesto, su puerta, abierta al caminante enfermo para aliviar el dolor. En la Guerra Civil, se ocupó de atender a civiles y soldados, saliendo de allí mutilado. En la posguerra, ya en San Cristóbal de Aliste, recorrió los caminos de la comarca montado en su caballo, de pueblo en pueblo, para atender a quien se lo pidiese. No cobraba nada, sólo la voluntad. El cogía la mano del paciente y adivinaba dónde estaba la dolencia que se resentía en el propio cuerpo.

Hundimiento de costillas, dolores de riñones, desviamiento de columna y todo lo relacionado con la traumatología eran su especialidad. Que conste que no habló de oídas, sino por experiencia. Luis, su padre, fue famoso curandero en España, Cuba e Inglaterra, y de él tomó la alternativa; ahora su hijo Benito, sigue sus pasos.

Hoy se puede asegurar que, sin ningún tipo de dudas, Simón ha sido el alistano más
querido, famoso y admirado de los últimos siglos. En Aliste, los niños -yo allí nací y
allí me críe-, antes de ir al colegio y de saber leer, ya sabíamos quién era Simón, pues no en vano él era el gran “ídolo” de cada familia, “El Salvador”. A pesar de lo que digan sus enemigos o detractores, que como es lógico alguno habrá, es digno de reconocerle a Simón sus méritos: el alivio del dolor a mucha gente. Ahora, en Aliste, el dolor quizás sea menos llevadero, pues ya no está Simón, nuestro ya añorado “José de Arimatea”. Descanse en Paz.
Herbolario Díez foto antigua
Simón y su mujer en San Cristóbal

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